¡La sorprendente razón por la que no puedes hacerte cosquillas a ti mismo!
¡Muy bien, reúnanse todos, porque aquí viene una pequeña curiosidad cerebral que podría hacerles decir: “¡Oh, por eso es!” ¿Alguna vez han intentado hacerse cosquillas a sí mismos? Ya saben, picarse las costillas o pasarse suavemente los dedos por el pie, esperando esa repentina explosión de risas incontrolables? ¿Y luego… nada? Quizás un pequeño cosquilleo, pero ciertamente no la sensación que induce a la risa contagiosa que obtienes cuando un amigo o un hermano juguetón te embosca con un ataque de cosquillas.
Bueno, ¡resulta que tu cerebro es demasiado listo para eso! El secreto reside en una parte de tu cerebro llamada cerebelo. Esta increíble pequeña supercomputadora trabaja constantemente tras bastidores, prediciendo las sensaciones que ocurrirán cuando realices un movimiento. Cuando decides mover tu mano para hacerte cosquillas, tu cerebelo ya está en acción, anticipando exactamente cómo se sentirá esa sensación.
Debido a que tu cerebro predice la sensación, esencialmente descuenta la sensación. Piensa: “¡Ajá! Sé que esto viene y sé que lo estoy haciendo yo.” Así que no desencadena esa sobrecarga sensorial inesperada, ligeramente alarmante, pero finalmente hilarante, que es característica de las cosquillas. Es como si tu cerebro estuviera bajando el volumen de sus propias señales autogeneradas.
Pero cuando otra persona te hace cosquillas, ¡tu cerebro no tiene previo aviso! No hay señal predictiva. La sensación llega de la nada, completamente inesperada. Tu cerebelo no puede prepararse para ella, y por eso la registra como una verdadera sorpresa, lo que lleva a esa explosión involuntaria de risa y retorcimiento. Es un ejemplo fantástico de cómo nuestros cerebros filtran e interpretan la información para darle sentido al mundo, ayudándonos a distinguir entre lo que estamos haciendo y lo que nos está sucediendo externamente. Bastante salvaje, ¿verdad?