¿Sabías que...? ¡Las bibliotecas solían encadenar sus libros!

Posted on 16 ago 2026
tl;dr: Hace siglos, los libros eran tesoros increíblemente raros y valiosos, por lo que las bibliotecas los encadenaban a escritorios y estanterías para evitar robos. Podías leerlos allí, ¡pero no podías llevártelos a casa!

Bueno, ya sabes cómo hoy en día puedes entrar a una biblioteca, coger casi cualquier libro que quieras, quizás sacarlo con tu teléfono y salir por la puerta. Todo es súper fácil y conveniente, ¿verdad?

Pues bien, imagina retroceder en el tiempo, mucho antes de que las imprentas hicieran que los libros estuvieran fácilmente disponibles y fueran asequibles. En aquel entonces, cada libro era un tesoro, copiado minuciosamente a mano, a menudo por monjes o escribas expertos. No eran solo historias; eran depósitos de conocimiento, historia y obras de arte increíblemente caras, a veces incluso decoradas con pan de oro y pigmentos preciosos.

Debido a que eran tan increíblemente valiosos, y el robo era una preocupación real, las bibliotecas tenían una solución bastante ingeniosa (¡y un poco salvaje!): ¡literalmente encadenaban los libros a los escritorios o estanterías! Sí, imagínatelo: una larga cadena unida a la cubierta de un tomo grueso y pesado, enrollada alrededor de una barra o un soporte, asegurándose de que nadie pudiera llevárselo. Aún podías abrirlos y leerlos allí mismo, ¡pero si querías llevarte uno a casa, era imposible!

Esta práctica, conocida como ‘bibliotecas encadenadas’, fue bastante común desde la Edad Media hasta el siglo XVIII en algunos lugares. Realmente te muestra cuánto valoraba la sociedad estos textos, viéndolos como bienes tan preciosos que necesitaban ser asegurados físicamente. Es una pequeña y genial mirada a la historia que te hace apreciar aún más nuestro acceso moderno y desatado a la información, ¿no crees? Te hace pensar: ‘¡Vaya, no sabía eso!’